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Archive for 18 noviembre 2014

La nieve cubría pero no borraba la forma de las ramas y copas de los árboles que se encontraban frente a sus ojos.

Se hallaba en medio del bosque, el cual estaba recubierto por un extenso manto blanco que parecía no acabar nunca, pues no dejaba divisar ningún otro color. Hasta el cielo había adquirido dicha tonalidad y parecía fusionarse con la tierra.

Se deja caer al suelo agotada por dicha visión. Desde pequeña la idea del infinito la había torturado como ninguna otra y el vacío que deja entrever ese paisaje hace que su cabeza le de vueltas y sus manos empiecen a temblar más de la cuenta en parte por el frío, en parte por el miedo que se apodera de ella. Cuando por fin abre los ojos, descubre que lo que antes era un blanco puro ha sido teñido de rojo sangre. En ese preciso instante, alza su cabeza hacia arriba y se encuentra con un sol invernal que alumbra los ojos más bonitos que ha visto nunca.

¿De quién son esos ojos?. Los conoce pero no los reconoce. A la luz del sol se ven del color del oro. No hay pisadas ni huellas que la puedan mostrar el camino por el que aquel extraño ha llegado hasta allí. Ella tampoco sabe cómo ha podido acabar en tal lugar pero intuye que es la única de los dos que no tiene respuesta para tal enigma.

El frío que se ha apoderado de su cuerpo y de su mente no la ha dejado pronunciar palabra alguna. Así que incapaz de sostener por más tiempo la mirada a esos ojos, vuelve a agachar la cabeza y parece no inmutarse cuando se da cuenta que su vestido blanco se ha vuelto rojo, al igual que el lugar sobre el que descansaban sus manos y rodillas.

La sangre brota de la nieve al estallar contra el suelo. Es un lamento que se tiñe de rojo al saber que ya nunca será tan pura como cuando estaba en las alturas. Es entonces cuando el misterioso hombre se acerca y la prueba, y lágrimas del color de la sangre llueven de sus ojos al saber lo que significa anhelar la pureza que ya nunca regresará. Después, la chica observa como poco a poco éste comienza a convertirse en nieve que se va derritiendo por los rayos de ese sol que antes había convertido en oro sus ojos.

-Te ha acuchillado con sus rayos. Pero has de darle las gracias porque ha sido tan dulce que dejarías que te matase una y otra vez -dice ella en un susurro.

Y postrada ante ese montón de nieve que antes fue más huesos que carne, únicamente le queda rezar a la noche para que la traiga de nuevo a aquel hombre.Y la noche le concede tal deseo, sólo que esta vez ella ya sabe quién es él, y él ya sabe quién es ella. Y también ambos saben que la noche les dará una tregua antes de que el sol haga su aparición….

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