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Archive for 23 julio 2013

Tan lejanos se me antojan en el tiempo aquellos días en los que imaginábamos un mundo color de rosa que hoy, atrapados en unos sueños de futuro para los que no sabría decir si existe la esperanza, desearía congelar las manillas del reloj que marca la lenta agonía del que ve pasar las mismas sin que ninguno de esos segundos se parezca en algo siquiera a los trazos que hace no tanto en su cabeza los pájaros habían dibujado. Esos pájaros aún no se han marchado, quizás eso sea algo bueno pero a su vez también algo malo. De lo que no me cabe ya duda es de que el éxodo de la bandada supone cada vez más un alivio para los que siempre tuvimos claro que sólo con pájaros en la cabeza nuestra mente podría volar y ser libre, sin estar sujeta a unas convenciones sociales que sirviesen como pretexto para despojarnos de lo único que nadie nos puede quitar en estas horas oscuras; saber quiénes somos realmente.

Porque los veintitantos van a sentar los cimientos de lo que será nuestro futuro. Una gran carga por tanto ante la que hacer frente cuando cada vez son más los interrogantes que plantear a la realidad que nos ha tocado y debemos afrontar. Buena señal también el que se formula preguntas y no da por sentado nada. Estoy harta de la gente que parece que todo en su vida es tan perfecto que no tiene miedos que combatir, enigmas ante los que enmudecer y recuerdos enmascarados en forma de sombras acechantes ante los que querer correr y correr… sin rumbo, sin porqué…

La vida es de una belleza cruel pues si te quedas demasiado tiempo admirándola puede ser que te ciegue y no te deje ver nada más que esa luz a la cual tus ojos se han acostumbrando. Por eso es que prefiero la oscuridad de la noche. Puede parecer una contradicción pero en esa infinita incertidumbre que la misma guarda, en ese impenetrable silencio que parece estar escondiendo un grito de cautela es que me siento más segura. Pues en la misma se que mis sentidos están alerta y que las ilusiones ópticas fruto de lo intangible que nos rodea están más a salvo.

Los veintitantos también me han hecho darme cuenta de que mi capacidad para amar es mucho mayor que la que podía tener antes. No así, en cambio, las personas con las que estoy dispuesta a compartir esto. Ganas en intensidad y pierdes (si es que se le puede llamar así) en cantidad. Me parece un buen cambio…

Las ocasiones en que las lágrimas afloran ante situaciones desagradable son cada vez menores y no precisamente porque los dramas no estén ahí pues al fin y al cabo son parte de la vida. Entonces, ¿seré más fuerte o más inmune?. Prefiero pensar que lo primero. O quizá no sea ninguna de las dos y simplemente  el llorar esté adquiriendo un nuevo significado para mi en este período. Al igual que otro tipo de sensaciones que experimento y que jamás pensé podría hacerlo o al menos de tal modo. Las lágrimas se derraman por momentos que te atrapan en un limbo hacia una completa felicidad momentánea que tiene su estallido en el sollozo, como un éxtasis al poder saborear esa parte dulce de la vida que tan escondida está y que , por tanto, cuando en ocasiones al fin das con ella es tan sumamente gratificante.

Por  lo tanto a mis veintitantos, si mi vida tuviese que plasmarse en un lienzo no sabría decir qué tipo de óleo estoy pintando. Tan sólo que con cada nuevo amanecer, la paleta de colores de la que echar mano es más variada. Y supongo que lo de menos será que la obra llegue o no a exponerse para contemplación del público en general si mientras, la forma que va adquiriendo y cada nuevo matiz que de la misma surge hace que la pueda admirar aunque sea en soledad.

Así que tomemos el jodido camino del florecer de los almendros en tierras no fértiles. Perdámonos en el mismo, demos vueltas y más vueltas a su alrededor, adentrémonos en caminos intransitables, volvamos al punto de partida para tomar nuevas direcciones si las anteriores nos conducían a un destino que intuíamos no era de nuestro agrado. Da igual si lo haces sólo o acompañado porque posiblemente, cuando veas como las flores de los almendros se han marchitado dejando desnudos a los mismos, tus recuerdos también hayan hecho lo mismo para mostrarte que eso era lo de menos si al final viviste las cuatro estaciones con todo lo bueno y lo malo de cada una.

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Excelentísimo Alberto Ruiz-Gallardón:

He de decir que me caía usted mal ya desde hacía algún tiempo. Si, si, como se lo digo. No se lo tome a mal pero es que no le perdono que con su marcha del Ayuntamiento de una ciudad tan bonita como es Madrid, tan desenfadada y tan canalla, usted y los suyos nos impusiesen sufrir a la insufrible Ana Botella. “La duda ofende” ya lo dice la mujercita de su anterior jefe, pero desde luego yo no tengo duda alguna de que el teatrillo de la democracia del que ustedes los políticos suelen hacer gala ni siquiera llegó a los escenarios ese 27 de diciembre del 2011 en el que el pleno del ayuntamiento eligió a la misma como su sucesora.

A paliar mi cada día mayor recelo hacia su persona, señor ministro, no ayudó precisamente su subida de las tasas judiciales hasta en 750 euros, tampoco que se opusiese a la petición de IU de comparecencia ante el Congreso de los Diputados de Carlos Dívar por presunta malversación de fondos y así hasta un largo sin fin de causas que podría seguir enumerando. Sin embargo, baste decir que ustedes tan partidarios del “Laissez faire, Laissez passer”en cuestiones económicas, sufren una especie de exorcismo en lo referente no sólo a proteger sino también a colaborar en el desarrollo de las libertades individuales necesarias para el progreso de la sociedad y es entonces, cuando ese intervencionismo del Estado ante el cual se santiguan para algunas cosas pasa a ser su herramienta para otras como en el caso de la reforma del aborto, la cual ha supuesto retrotraer a la las mujeres a tiempos preconstitucionales negándolas el derecho a decidir sobre su propio cuerpo y su propia vida y exponiéndolas a innumerables situaciones de riesgo; sobre todo, a quienes tienen menos recursos. Esto es así debido a que este tipo de medidas no ponen fin a los abortos, sino únicamente a los realizados de forma segura en cínicas adecuadas para ello.

No deja de llamarme la atención que quienes buscan legislar en esta materia obstaculizando la libertad de la mujer sean en su mayoría hombres. Hombres como el gobernador de Texas, Rick Perry, que en estos días trata de aprobar una serie de restricciones a las clínicas de aborto, o como usted señor Gallardón. No se da cuenta que ustedes y otros muchos son fiel reflejo de ese sector de la sociedad que cree que por estar amparada por un techo religioso tiene la inmunidad y conoce de la verdad absoluta sobre todos los dilemas, causas y planteamientos morales que puedan presentarse. Los fariseos como usted para quienes por cierto, la mujer socialmente se encontraban en un escalafón inferior al del hombre, son los fabricantes de pecado verdaderamente pues ven el mismo donde muchas veces ni existe. Únicamente para cuestionar y condenar las conductas de los demás y así ellos, unos pocos elegidos, sentirse protegidos por el manto divino haciendo sentir indignos al resto.

Así, mientras usted y su partido no dejan de recortar e incluso acabar con derechos sociales y laborales necesarios para que los ciudadanos y ciudadanas puedan plantearse un futuro digno en el que no reine la constante incertidumbre sobre si al mes siguiente seguirán teniendo trabajo o ayudas para vivir dignamente, es curioso que obliguen a las mujeres con medidas como la eliminación del sistema de plazos y la prohibición del aborto eugenésico por razón de discapacidad a enfrentarse a una dura realidad: la de sacar adelante a una persona que por sus circunstancias va a necesitar de unos cuidados y atenciones especiales por parte de profesionales facultados para tal fin. Pero ahora bien, en el caso de que esa madre no tenga los recursos económicos necesarios para hacer frente a este problema y tenga que ser ella la que se ocupe por entero de las necesidades que requerirá esa persona con alguna discapacidad, ¿se ocupará usted entonces señor Ministro de Justicia de que el empresario sujeto a los hilos del sistema capitalista imperante se apiade de su situación y le conceda el beneficio de la duda cuando en la entrevista de trabajo le pregunten si tiene hijos?  Digo apiadar porque quizás en términos religiosos me entienda usted mejor.

En el caso de que esto no sea así y no pueda garantizar esto último como imagino que será al tratarse de un sistema tan injusto como es el sistema capitalista en el que la ley del más fuerte a menudo es la predominante, las pobres gacelas esparcidas por tierras que hace mucho dejaron de ser fértiles no tienen otro destino que ser devoradas por los reyes de la selva. Por tanto, y acabo ya con estas palabras esta misiva hacia su persona, considérese el ser más despreciable ante los ojos de Dios su señor, ya que si en algún momento él creó la vida usted con sus medidas está creando la mala vida.

Un no cordial saludo,

Edurne González Redondo

aborto si.no

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