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Archive for 8 marzo 2013

Hugo Chávez, amado y denostado a partes iguales por los representantes de la comunidad política internacional y también por el pueblo venezolano, puso fin este pasado martes a la difícil batalla que durante casi dos años venía librando contra el cáncer cuando, de manera fulminante, un repentino infarto acabó con su vida.
Al momento de hacerse pública la noticia, todo el mundo pudimos ver en nuestros televisores las muestras de consternación y dolor por dicha muerte que profesaban la gran multitud de asistentes que se habían agolpado ante las cámaras de los diferentes medios allí congregados.
Esos mismos ciudadanos para los que el legado de Chávez es claro, y se condensa en un descenso de los índices de pobreza y una mayor capacidad para haber generado igualdad social mediante un gran número de medidas entre las que se encuentran las llamadas “misiones”. Las cuales, han consistido en una serie de programas sociales implantados por el dirigente venezolano a partir del 2003 que suponían el fomento de la educación y la asistencia sanitaria en las áreas más desfavorecidas, como la Misión Robinson y la Misión Barrio Adentro entre otras.
La mala prensa que ha tenido el ya fallecido no ha dejado de ser consecuencia, única y exclusivamente, de sus reivindicaciones e ideales marxistas opuestos a los del Tío Sam y sus secuaces (entre los que nuestro país se encuentra). Como muestra de ello, sirva la nacionalización del petróleo y otros recursos naturales que ya de por si le hicieron granjearse unos cuantos enemigos. Además de la Ley de Tierras, aprobada en 2002 por un decreto con fuerza de ley, por el cual se llevaba a cabo la expropiación de latifundios y tierras aparentemente improductivas, para dársela a quien las quisiera trabajar. Acción que fue apoyada por los campesinos sin tierras y asalariados, pero criticada por los empresarios, terratenientes, la oposición venezolana en general, Estados Unidos y, el ex presidente argentino Carlos Menem, al referirse a ella, en tono despectivo, como una “medida comunista”.
Sin duda, este y otros hechos han debido suponer una gran amenaza para el imperialismo de nuestros días que se camufla en ese disfraz de falsa democracia.
Todo político y más si cuenta con una larga trayectoria profesional tiene sus luces y sombras. Por tanto, no seré yo quien santifique a este dirigente que también pecó de autoritario, populista, defensor del golpismo y que deja tras de si un aumento de las redes de narcotráfico y del número de armas en las calles venezolanas. Pero tampoco seré yo la que no sienta cierta repulsión a la hora de ver cómo toda esta pandilla de hipócritas y demagogos que pretenden dárselas de representantes al servicio del pueblo y defensores de una inexistente democracia, se permiten el lujo de demonizar a un hombre que en muchos casos ha hecho más por su pueblo de lo que lo hará la gran mayoría de ellos con respecto al suyo.
Desde aquí, sólo me queda desear que se lleve a cabo una transición tranquila y con un proceso electoral limpio. Y sobre todo, que el proyecto de Chávez al que denominó Socialismo del Siglo XXI pueda seguir con vida a pesar de que su creador no.

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