Feeds:
Entradas
Comentarios

Archive for 13 mayo 2012

Bajo el título de ‘Spanish Revolution’ y el retrato de una abarrotada plaza del Sol, los principales medios de comunicación de todo el mundo se hacían eco de un movimiento, el de los indignados, surgido de las entrañas ideológicas de un sector de la población de este país compuesto en su mayoría por jóvenes. Los cuales, antes de que esta oleada de protestas inundara las calles de las principales ciudades españolas eran criticados por su falta de interés en lo referente a cuestiones políticas y, en la actualidad, cuando vuelve a cobrar fuerza este sentimiento reivindicativo se vuelve de nuevo a lanzar acusaciones sobre esta juventud sin futuro por el motivo contrapuesto: su inmiscusión en dichos asuntos.

Así, llegamos al punto en el que se trata desde diversas instituciones “sospechosas” de la defensa de unos mismos dogmas de dañar su imagen a través del lenguaje, principal arma arrojadiza con la que llevar a cabo las más encarnizadas guerras. Así, palabras como: “perroflauta”, “antisistema”, y otras tantas, no exentas de tintes peyorativos, son cada vez más frecuentes al referirse a un grupo de individuos que no hace sino defender de forma pacífica sus derechos sociales y políticos, mientras se enfrenta a una precariedad laboral terrible siendo la generación más preparada que ha tenido este país a lo largo de su historia.

Esos mismos derechos que, por cierto, esta falsa democracia se jacta de prodigar y que nos están siendo arrebatados bajo el pretexto de que dicho sistema es el más justo de cuantos hemos conocido y conoceremos.

Así, no me entra en la cabeza como los mismos abanderados de la democracia, se permiten cuestionar la legitimidad de unos actos que tienen su origen en los principios fundamentales de la Constitución española, más concretamente, en su artículo 21. Porque manifestarse es también un cauce del principio democrático participativo, y no está de más recordar que la democracia no se agota con las elecciones, sino que se completa con la actividad cívica de la ciudadanía a través de las formas que la Constitución reconoce. Y el derecho de reunión, como derecho individual de ejercicio colectivo es uno de ellos.

Es obvio que la crítica a las instituciones públicas en una manifestación no supone su deslegitimación, sino que es una forma más de control social difuso de los representantes políticos por parte de la población. Con independencia de quien gobierne y de quien reivindique.

La autorización que se hace necesaria para ejercer el derecho a manifestarse muestra una concepción del régimen jurídico de los derechos basado en el control preventivo de su ejercicio, lo que significa que antes de ejercerlos se hace preciso que el Gobierno conceda la gracia de poder ponerlos en práctica. De estas afirmaciones puede colegirse que el Ejecutivo, al parecer, en un supremo acto de tolerancia se ha permitido atribuir a sus conciudadanos la libertad para que griten en la vía pública. Cuando queda fuera de toda duda razonable que en la lógica de un régimen liberal democrático resulta inconcebible pedir permiso para ser libre.

Ahora bien, me pregunto si alguna vez se habrán cuestionado acerca de la ilegitimidad de los mecanismos diseñados para generar las medidas que han sido puestas en práctica. Tales como el rescate de diversas entidades financieras con dinero público sobre la base de inculparnos a todos en el declive del capitalismo, no dejando de repetirnos hasta la saciedad que derrochamos en exceso y que vivimos por encima de nuestras posibilidades. Lo cual, no deja de parecerme una consecuencia lógica y directa del capitalismo… En todo caso, ¿dónde estaban los poderes públicos para defendernos y frenar a esos entes privados que se lucraron con ello y aún hoy lo siguen haciendo ante una situación que cualquiera que tuviese dos dedos de frente y fuese algo entendido en la materia perfectamente podía haber pronosticado? ¿No es función del Estado velar por los intereses de sus ciudadanos? Posiblemente, nuestros políticos estuviesen demasiado atareados tomándose cafés en los aledaños al Congreso de los Diputados mientras la sesión ya se había iniciado o quizá, cerrando importantes negocios con arquitectos de renombre o yernos con (a priori) inmunidad diplomática aunque no figure en ninguna ley escrita.

He de hacer alusión a un texto de Stéphane Hessel que supuso toda una inspiración a los primeros valientes que empezaron a dar cabida al sueño de la, también llamada, ‘primavera española’ hace ya casi un año. Dice así: “Convoquemos una verdadera insurreción pacífica contra los medios de comunicación de masas que no propongan como horizonte para nuestra juventud otras cosas que no sean el consumo en masa, el desprecio hacia los más débiles y hacia la cultura, la amnesia generalizada y la competición excesiva de todos contra todos”.

 

Concluir, por último, diciendo que no creo que estos movimientos vayan a generar cambio alguno en las bases de un sistema que se ha mostrado insuficiente para responder a las necesidades de la población mundial, como ya lo hicieran otros a lo largo de la historia. Mi escepticismo radica en que una revolución ha de empezar a gestarse en la conciencia de un pueblo y aunque muchas podrían ser las similitudes con respecto a los antecedentes y causas que propiciaron la Revolución francesa, creo que hoy por hoy lo único que está dispuesto a asaltar el pueblo español son las fuentes de Neptuno y Cibeles, pero olvidámonos de una toma de la Bastilla . Al menos, de momento…

Anuncios

Read Full Post »