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Archive for 26 marzo 2012

Recuerdos

Recuerdo como si hubiese sido ayer esos veranos que nunca desaeaba acabasen, en los que el Sol parecía no querer esconderse hasta que a lo lejos, los picos más altos que forman los Montes de Toledo abordaban los últimos rayos que despuntaban sobre el horizonte con prisa, casi devorándolos, para que el manto azul oscuro casi negro con estrellas bordadas en hilo de oro hiciese por fin su aparición.
Así, echando la vista atrás, me veo contemplando dicha imagen, mientras el olor al guiso de mi abuela parece atravesar las paredes de un blanco cenizo algo desconchadas por el paso de los años de la casa sobre la cual se asentaba nuestro hogar. El único que he conocido o, mejor dicho, que he sentido como mío y, también, ejemplo como ninguno del verdadero significado del término remanso de paz.
Escribo todo esto porque hoy, al llegar a casa y entrar en la cocina, me he vuelto a sentir embriagada por esos recuerdos de infancia… recuerdos en su mayoría felices y que tienen su origen en esa casita de techos bajos y tejado rojizo, sobre el que a menudo caminaban majestuosamente un sin fin de gatos que nos observan cautelosos desde lo alto; mientras que abajo, en el jardín, se desarrollaba la partida al chinchón o cualquier otro juego de cartas entre mis abuelos y yo. Jardín el cual, estaba escoltado por rácimos de uvas y espinas de las rosas más bellas que jamás he vuelto a ver y donde pasaba horas y horas jugando y riendo con ellos.

Y mientras expreso esto, me asalta de nuevo este sentimiento que en los útimos días se ha intensificado más y más hasta apoderarse de mi, el del fracaso. He de ser franca conmigo misma y reconocer, que no he estado a la altura en cuanto a los principios de bondad, generosidad y esfuerzo que mis abuelos trataron de forma inagotable de inculcarme durante aquellos maravillosos años. Quizás, premisa de ello y por poner la nota de humor discordante en todo esto, fuera que siempre me posicionaba en secreto del lado de la mala en aquellas telenovelas procedentes del otro lado del charco y que, en la sobremesa, siempre veíamos. Y es que esas apasionadas y rocambolescas historias de amor y celos que en las mismas se desataban, eran de lo más adictivas. Con el único desconsuelo para mi que al final, en todas ellas, la ‘santurrona’ se acababa llevando al galán de turno. Tónica general de lo que la vida habría de reservarme; más, de forma irremediable, la misma también está llena de gente que se siente atraída por los rebeldes sin causa. Así, sabiéndome perteneciente a este grupo y, aún con esas, habiendo siempre gozado del favoritismo de mis abuelos, es posible que en en su fuero interno, ellos también deseasen fervientemente que el triunfo fuese para la que había empleado todos sus medios ya fuesen en mayor o menor medida reprochables, con un fin tan digno como el de ser amada.

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