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Archive for 3 octubre 2011

“MUSS ES SEIN!”

Cuando Beethoven da sentido con la frase “muss es sein!”, en castellano, “¡debe ser!” a los últimos acordes de su composición musical, también llamada la “sinfonía del destino”, no sólo se refería a la misma en sí, sino también a las composiciones musicales de la vida de todos y cada uno de nosotros.

Pues bien, el significado que se esconde tras estas palabras cobra protagonismo en la obra del escritor checo Milan Kundera “La insoportable levedad del ser”, donde se pone de manifiesto que la vida es algo así como la representación de una obra sin ensayo previo alguno, en la cual no sabemos si hemos interpretado bien o mal el papel que se nos ha dado, sencillamente, porque no tenemos con qué compararlo. Expone su autor en esta novela la dualidad existente entre la dulce levedad de Parménides y el peso del que con sus decisiones escribe su destino. El problema de todo esto reside en que tal y como se nos muestra en la obra de Kundera, el hombre, motivado por su sentido de la belleza, convierte un acontecimiento casual en un motivo que tiende a formar parte de la composición de su vida. Así, en lo referente a ciertos aspectos de nuestra sonata, nos resulta del todo impensable que no sucedan bajo el “¡tiene que ser!”. ¿Quién sino imagina que el amor de su vida entrará en escena bajo los compases de un “también podría haber sido…”?

Uno de los tantos temas que aborda esta novela es el de la melancolía, pero vista eso sí, como un guiño al pasado, tal vez como la escena de una película en blanco y negro que al carecer de colores la imagen, éstos no distraen al espectador y toman protagonismo las figuras y las relaciones entre ellas, cobrando por tanto unas cotas altas en cuanto a hermosura y romanticismo se refiere. Así, mientras Tomás pasea una fría noche de invierno por las solitarias calles de la ciudad de Praga, le asaltan los recuerdos de un pasado compartido con el gran amor de su vida, Teresa. Recuerdos que se le antojan en esos precisos instantes, más hermosos de como habían sido en la realidad. El hecho de que a su vez, Teresa vea en él al hombre de su vida debido a seis absurdas casualidades, posiblemente consecuencia de lo que ella cree es la voz del destino susurrándola “muss et sein!”, no hace otra cosa sino que me pregunte hasta qué punto condicionamos nuestras vidas en torno a esa sensación  de vértigo que nos produce el encuentro con la belleza, la cual  nos conduce con sus cantos de sirena hacia un atisbo de profundidad que se cierne sobre nosotros y que nos atrae, nos seduce, despertando nuestro deseo de caer y, por tanto, haciéndonos que nos resulte imposible interponer defensa alguna hacia la misma.

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