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Llevo muchos días pensando sobre qué escribir,  qué puedo contar en el último post de lakshmi para que el mismo tenga un final digno.

Lo primero sería preguntarme a mi misma el porqué quiero que haya un final.  Es fácil,  sin finales no hay principios.

Los conceptos acuden y se van, se entremezclan y se devoran entre ellos,  sin hambre y sin ganas. Se crean híbridos de palabras sin sentido, de emociones que pasan a no emocionar. Es entonces,  cuando todo ese mundo que encierras en tu interior se va pudriendo de la misma forma en que se pudre la comida cuando el frío no la conserva.

A veces pasan cosas en la vida que nos cambian. Tú no elegiste que pasaran, pero pasaron. Ese encuentro,  esa frase, esa llamada, esa mirada, ese grito,  ese número, esa camiseta, esos cristales, ese baile, esa mancha, ese conjunto de fugaces instantes que marcan sin tú ser consciente en dicho momento un antes y un después. Siempre creemos estar seguros de saber los momentos que nos van a cambiar y nunca lo estamos.

La ingenuidad siempre gana la partida a la maldad, aunque la misma no haga sino generar más malicia.

“Me echo de menos”. Vaya frase escribiste en el cabecero de la cama soñando o sin soñar. Verdad o mentira. Ángel o demonio. Consuelo o desconsuelo. Amor o desenfreno. Esa frase me enamoró y ahora me doy cuenta de que su sencillez era tan perfecta que me hace despreciar la complejidad que hasta ahora siempre me había fascinado, la misma que de tan compleja que es no se llega ni a palpar ni a poder sentir. De ahí que ahora esta ágrafa escriba sobre la misma, porque yo también me echo de menos. Demasiado.

Así que me lanzo a la aventura de encontrarme.

A veces hay que vomitar versos del alma ¿Y si algún día dejo de vomitar? Entonces será que mi alma por fin descansa en paz. Como lo hará lakshmi después de 1+2 ó 2+1 años. Por fin descansa en paz. Y si algún día resucita hará falta mucho más que magia. 

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La nieve cubría pero no borraba la forma de las ramas y copas de los árboles que se encontraban frente a sus ojos.

Se hallaba en medio del bosque, el cual estaba recubierto por un extenso manto blanco que parecía no acabar nunca, pues no dejaba divisar ningún otro color. Hasta el cielo había adquirido dicha tonalidad y parecía fusionarse con la tierra.

Se deja caer al suelo agotada por dicha visión. Desde pequeña la idea del infinito la había torturado como ninguna otra y el vacío que deja entrever ese paisaje hace que su cabeza le de vueltas y sus manos empiecen a temblar más de la cuenta en parte por el frío, en parte por el miedo que se apodera de ella. Cuando por fin abre los ojos, descubre que lo que antes era un blanco puro ha sido teñido de rojo sangre. En ese preciso instante, alza su cabeza hacia arriba y se encuentra con un sol invernal que alumbra los ojos más bonitos que ha visto nunca.

¿De quién son esos ojos?. Los conoce pero no los reconoce. A la luz del sol se ven del color del oro. No hay pisadas ni huellas que la puedan mostrar el camino por el que aquel extraño ha llegado hasta allí. Ella tampoco sabe cómo ha podido acabar en tal lugar pero intuye que es la única de los dos que no tiene respuesta para tal enigma.

El frío que se ha apoderado de su cuerpo y de su mente no la ha dejado pronunciar palabra alguna. Así que incapaz de sostener por más tiempo la mirada a esos ojos, vuelve a agachar la cabeza y parece no inmutarse cuando se da cuenta que su vestido blanco se ha vuelto rojo, al igual que el lugar sobre el que descansaban sus manos y rodillas.

La sangre brota de la nieve al estallar contra el suelo. Es un lamento que se tiñe de rojo al saber que ya nunca será tan pura como cuando estaba en las alturas. Es entonces cuando el misterioso hombre se acerca y la prueba, y lágrimas del color de la sangre llueven de sus ojos al saber lo que significa anhelar la pureza que ya nunca regresará. Después, la chica observa como poco a poco éste comienza a convertirse en nieve que se va derritiendo por los rayos de ese sol que antes había convertido en oro sus ojos.

-Te ha acuchillado con sus rayos. Pero has de darle las gracias porque ha sido tan dulce que dejarías que te matase una y otra vez -dice ella en un susurro.

Y postrada ante ese montón de nieve que antes fue más huesos que carne, únicamente le queda rezar a la noche para que la traiga de nuevo a aquel hombre.Y la noche le concede tal deseo, sólo que esta vez ella ya sabe quién es él, y él ya sabe quién es ella. Y también ambos saben que la noche les dará una tregua antes de que el sol haga su aparición….

Hoy es el cumpleaños de la persona que con sólo diez años me llevó de su mano a un puestecito donde vendían libros y me dijo que eligiese, con la responsabilidad que eso conllevaba, la que se convertiría en la primera lectura de mi vida.
Todavía me acuerdo que me dijo: “¿estás segura que quieres leer esto?” a lo que contesté firmemente que sí. Entonces,me miró con esos ojos que te leen la mente y creo que en ese momento supo que la primavera nunca sería mi estación favorita. El título del libro era ‘Cuentos negros y románticos’ y su autor, Gustave Flaubert.
“Para que ames la buena lectura”. Eso escribió en su dedicatoria y vaya si la amo. Porque gracias a la lectura soy quien soy, y gracias a él la lectura siempre ha estado presente en mi vida.
Me doy cuenta de la suerte que tengo al tener un padre que siempre me ha hablado como una persona adulta y que en vez de regalarme Barbies me regalaba libros (aunque llegasen los Reyes Magos y pidiese alguna de esas rubias pechugonas).
Él me hablaba de París, de historia, poetas, cine, economía y otras tantas cosas. Él me llevaba a ver la estatua de Pío Baroja, a echar de comer a las palomas, al parque de atracciones aunque no pudiese compartir mi atracción por el vértigo, y a andar por el barrio más pobre pero más castizo de Madrid (su barrio, Lavapiés) mientras me contaba historias de su infancia. Esa época que oyéndote hablar de ella, entre tintes dorados y negros, me recuerda a una novela de las que tanto te gustan. Aunque yo siempre he soñado que bien tú o bien yo escribamos la historia de todas esas personas que a medio camino entre la fantasía y la realidad, pasaron por la vida de ese barrio entre el humo, la pobreza, las risas sin dientes, el vino y la esperanza del que aún la conserva donde habita el desengaño. Yo creo que la haremos.
Y cuando leas esto papá que sé que lo harás, quiero que sepas que te doy las gracias porque si ahora tengo una cita con el libro que está encima de mi mesilla es gracias a ti, si ahora resuenan en mi mente lejanos ecos de esa voz que te resquebraja el alma de aquella maravillosa prostituta francesa también es gracias a ti, y que sobretodo, y por ello aquí si que las gracias no son suficientes, si las palabras brotan de mi mente de esta forma es porque de la tuyas también lo hacen. Y esa es la mayor herencia que me puedes dejar, que la peor ya sabemos que es mi nariz indiscreta.
Papá a ti siempre te ha gustado el realismo; a mi, sin embargo, el realismo mágico. Ya ves, al fin y al cabo no somo tan distintos aunque al fin y al cabo sí lo seamos.

Te adoro.  Felicidades.
Edurne.

Tan lejanos se me antojan en el tiempo aquellos días en los que imaginábamos un mundo color de rosa que hoy, atrapados en unos sueños de futuro para los que no sabría decir si existe la esperanza, desearía congelar las manillas del reloj que marca la lenta agonía del que ve pasar las mismas sin que ninguno de esos segundos se parezca en algo siquiera a los trazos que hace no tanto en su cabeza los pájaros habían dibujado. Esos pájaros aún no se han marchado, quizás eso sea algo bueno pero a su vez también algo malo. De lo que no me cabe ya duda es de que el éxodo de la bandada supone cada vez más un alivio para los que siempre tuvimos claro que sólo con pájaros en la cabeza nuestra mente podría volar y ser libre, sin estar sujeta a unas convenciones sociales que sirviesen como pretexto para despojarnos de lo único que nadie nos puede quitar en estas horas oscuras; saber quiénes somos realmente.

Porque los veintitantos van a sentar los cimientos de lo que será nuestro futuro. Una gran carga por tanto ante la que hacer frente cuando cada vez son más los interrogantes que plantear a la realidad que nos ha tocado y debemos afrontar. Buena señal también el que se formula preguntas y no da por sentado nada. Estoy harta de la gente que parece que todo en su vida es tan perfecto que no tiene miedos que combatir, enigmas ante los que enmudecer y recuerdos enmascarados en forma de sombras acechantes ante los que querer correr y correr… sin rumbo, sin porqué…

La vida es de una belleza cruel pues si te quedas demasiado tiempo admirándola puede ser que te ciegue y no te deje ver nada más que esa luz a la cual tus ojos se han acostumbrando. Por eso es que prefiero la oscuridad de la noche. Puede parecer una contradicción pero en esa infinita incertidumbre que la misma guarda, en ese impenetrable silencio que parece estar escondiendo un grito de cautela es que me siento más segura. Pues en la misma se que mis sentidos están alerta y que las ilusiones ópticas fruto de lo intangible que nos rodea están más a salvo.

Los veintitantos también me han hecho darme cuenta de que mi capacidad para amar es mucho mayor que la que podía tener antes. No así, en cambio, las personas con las que estoy dispuesta a compartir esto. Ganas en intensidad y pierdes (si es que se le puede llamar así) en cantidad. Me parece un buen cambio…

Las ocasiones en que las lágrimas afloran ante situaciones desagradable son cada vez menores y no precisamente porque los dramas no estén ahí pues al fin y al cabo son parte de la vida. Entonces, ¿seré más fuerte o más inmune?. Prefiero pensar que lo primero. O quizá no sea ninguna de las dos y simplemente  el llorar esté adquiriendo un nuevo significado para mi en este período. Al igual que otro tipo de sensaciones que experimento y que jamás pensé podría hacerlo o al menos de tal modo. Las lágrimas se derraman por momentos que te atrapan en un limbo hacia una completa felicidad momentánea que tiene su estallido en el sollozo, como un éxtasis al poder saborear esa parte dulce de la vida que tan escondida está y que , por tanto, cuando en ocasiones al fin das con ella es tan sumamente gratificante.

Por  lo tanto a mis veintitantos, si mi vida tuviese que plasmarse en un lienzo no sabría decir qué tipo de óleo estoy pintando. Tan sólo que con cada nuevo amanecer, la paleta de colores de la que echar mano es más variada. Y supongo que lo de menos será que la obra llegue o no a exponerse para contemplación del público en general si mientras, la forma que va adquiriendo y cada nuevo matiz que de la misma surge hace que la pueda admirar aunque sea en soledad.

Así que tomemos el jodido camino del florecer de los almendros en tierras no fértiles. Perdámonos en el mismo, demos vueltas y más vueltas a su alrededor, adentrémonos en caminos intransitables, volvamos al punto de partida para tomar nuevas direcciones si las anteriores nos conducían a un destino que intuíamos no era de nuestro agrado. Da igual si lo haces sólo o acompañado porque posiblemente, cuando veas como las flores de los almendros se han marchitado dejando desnudos a los mismos, tus recuerdos también hayan hecho lo mismo para mostrarte que eso era lo de menos si al final viviste las cuatro estaciones con todo lo bueno y lo malo de cada una.

Excelentísimo Alberto Ruiz-Gallardón:

He de decir que me caía usted mal ya desde hacía algún tiempo. Si, si, como se lo digo. No se lo tome a mal pero es que no le perdono que con su marcha del Ayuntamiento de una ciudad tan bonita como es Madrid, tan desenfadada y tan canalla, usted y los suyos nos impusiesen sufrir a la insufrible Ana Botella. “La duda ofende” ya lo dice la mujercita de su anterior jefe, pero desde luego yo no tengo duda alguna de que el teatrillo de la democracia del que ustedes los políticos suelen hacer gala ni siquiera llegó a los escenarios ese 27 de diciembre del 2011 en el que el pleno del ayuntamiento eligió a la misma como su sucesora.

A paliar mi cada día mayor recelo hacia su persona, señor ministro, no ayudó precisamente su subida de las tasas judiciales hasta en 750 euros, tampoco que se opusiese a la petición de IU de comparecencia ante el Congreso de los Diputados de Carlos Dívar por presunta malversación de fondos y así hasta un largo sin fin de causas que podría seguir enumerando. Sin embargo, baste decir que ustedes tan partidarios del “Laissez faire, Laissez passer”en cuestiones económicas, sufren una especie de exorcismo en lo referente no sólo a proteger sino también a colaborar en el desarrollo de las libertades individuales necesarias para el progreso de la sociedad y es entonces, cuando ese intervencionismo del Estado ante el cual se santiguan para algunas cosas pasa a ser su herramienta para otras como en el caso de la reforma del aborto, la cual ha supuesto retrotraer a la las mujeres a tiempos preconstitucionales negándolas el derecho a decidir sobre su propio cuerpo y su propia vida y exponiéndolas a innumerables situaciones de riesgo; sobre todo, a quienes tienen menos recursos. Esto es así debido a que este tipo de medidas no ponen fin a los abortos, sino únicamente a los realizados de forma segura en cínicas adecuadas para ello.

No deja de llamarme la atención que quienes buscan legislar en esta materia obstaculizando la libertad de la mujer sean en su mayoría hombres. Hombres como el gobernador de Texas, Rick Perry, que en estos días trata de aprobar una serie de restricciones a las clínicas de aborto, o como usted señor Gallardón. No se da cuenta que ustedes y otros muchos son fiel reflejo de ese sector de la sociedad que cree que por estar amparada por un techo religioso tiene la inmunidad y conoce de la verdad absoluta sobre todos los dilemas, causas y planteamientos morales que puedan presentarse. Los fariseos como usted para quienes por cierto, la mujer socialmente se encontraban en un escalafón inferior al del hombre, son los fabricantes de pecado verdaderamente pues ven el mismo donde muchas veces ni existe. Únicamente para cuestionar y condenar las conductas de los demás y así ellos, unos pocos elegidos, sentirse protegidos por el manto divino haciendo sentir indignos al resto.

Así, mientras usted y su partido no dejan de recortar e incluso acabar con derechos sociales y laborales necesarios para que los ciudadanos y ciudadanas puedan plantearse un futuro digno en el que no reine la constante incertidumbre sobre si al mes siguiente seguirán teniendo trabajo o ayudas para vivir dignamente, es curioso que obliguen a las mujeres con medidas como la eliminación del sistema de plazos y la prohibición del aborto eugenésico por razón de discapacidad a enfrentarse a una dura realidad: la de sacar adelante a una persona que por sus circunstancias va a necesitar de unos cuidados y atenciones especiales por parte de profesionales facultados para tal fin. Pero ahora bien, en el caso de que esa madre no tenga los recursos económicos necesarios para hacer frente a este problema y tenga que ser ella la que se ocupe por entero de las necesidades que requerirá esa persona con alguna discapacidad, ¿se ocupará usted entonces señor Ministro de Justicia de que el empresario sujeto a los hilos del sistema capitalista imperante se apiade de su situación y le conceda el beneficio de la duda cuando en la entrevista de trabajo le pregunten si tiene hijos?  Digo apiadar porque quizás en términos religiosos me entienda usted mejor.

En el caso de que esto no sea así y no pueda garantizar esto último como imagino que será al tratarse de un sistema tan injusto como es el sistema capitalista en el que la ley del más fuerte a menudo es la predominante, las pobres gacelas esparcidas por tierras que hace mucho dejaron de ser fértiles no tienen otro destino que ser devoradas por los reyes de la selva. Por tanto, y acabo ya con estas palabras esta misiva hacia su persona, considérese el ser más despreciable ante los ojos de Dios su señor, ya que si en algún momento él creó la vida usted con sus medidas está creando la mala vida.

Un no cordial saludo,

Edurne González Redondo

aborto si.no

Mentiría si dijese que no tengo miedo, pero no me compadezco por ello. Compadezco a quienes no lo sienten, pues ello es señal de que siguen el sendero allanado por el tránsito de ovejas mansas. Yo, en cambio, prefiero salir a caminar en el silencio de la noche y con la luz de la luna como única compañera, aún a riesgo de que las sombras acechen amenazantes. Pues lo que antes resultaba amenazante hoy resulta irresistible para alguien que descubre que las mismas no son más que nubes de un manto color azabache que envuelven de magia y misterio la ceguera del camino.

Hay que tener curiosidad por lo desconocido e imaginación para dar forma a lo que todavía no existe, al menos en tu mente, pero intuyes. Pero también, hay que tener curiosidad e imaginación por descubrir de nuevo lo que creías conocer pero realmente no conocías y posiblemente nunca llegues a conocer. Porque la luna que contemplaba la noche de ayer no es igual a la que mientras escribo estas palabras asoma a mi ventana. Porque la luna que asoma a mi ventana esta noche de abril con sabor a verano, no será igual a la que se mecerá ante mis ojos mañana. Pues el mañana nada tiene que ver con el hoy y, por tanto, nada tendré tampoco yo que ver con la que sea mañana. Siempre hay novedades en el camino aunque hayamos apenas dado dos zancadas.

Renacer en vida sin que la muerte haya tenido que hacer su aparición es de las mejores cosas que a uno le pueden pasar. Más si cabe, cuando la intensidad con la cual palpas el alma de absolutamente todo cuanto te rodea hace que te des cuenta de la grandiosidad de los sentimientos y las emociones, del despertar cuando aún estás en la primavera de tu vida para ver ese despliegue de colores, aromas, y sabores, que no querrás olvidar para el resto de tus días porque serán del todo irrepetible.

La inspiración tenía que llegar. Siempre ha estado ahí y poco a poco fue aflorando dentro de mi. Comenzó con esas conversaciones para las que el fin viene dado por la proximidad de un nuevo amanecer y continuó con un viaje cada vez más frecuente hacia un universo paralelo alejado años luz del que solía habitar, en el que la belleza está siempre presente y la duda es quien la guía. En él me siento libre y sólo yo decido quien entra y quien sale y así, cada vez, con menos nostalgia hacia los que decidieron salir sin que yo los echase y con más convicción de haber hecho lo correcto por quienes entraron porque yo así lo quise, es que sigo mi trayectoria por el universo de las neuronas encendidas mirándome en el espejo de la vida y apreciando lo que en el mismo veo reflejado.

A pesar del miedo…porque sin él tampoco existiría la valentía. Y para mi, la valentía y el coraje lo son prácticamente todo en la vida, más si se trata de ganarle el pulso a la misma y no dejar que suceda al revés.

Hugo Chávez, amado y denostado a partes iguales por los representantes de la comunidad política internacional y también por el pueblo venezolano, puso fin este pasado martes a la difícil batalla que durante casi dos años venía librando contra el cáncer cuando, de manera fulminante, un repentino infarto acabó con su vida.
Al momento de hacerse pública la noticia, todo el mundo pudimos ver en nuestros televisores las muestras de consternación y dolor por dicha muerte que profesaban la gran multitud de asistentes que se habían agolpado ante las cámaras de los diferentes medios allí congregados.
Esos mismos ciudadanos para los que el legado de Chávez es claro, y se condensa en un descenso de los índices de pobreza y una mayor capacidad para haber generado igualdad social mediante un gran número de medidas entre las que se encuentran las llamadas “misiones”. Las cuales, han consistido en una serie de programas sociales implantados por el dirigente venezolano a partir del 2003 que suponían el fomento de la educación y la asistencia sanitaria en las áreas más desfavorecidas, como la Misión Robinson y la Misión Barrio Adentro entre otras.
La mala prensa que ha tenido el ya fallecido no ha dejado de ser consecuencia, única y exclusivamente, de sus reivindicaciones e ideales marxistas opuestos a los del Tío Sam y sus secuaces (entre los que nuestro país se encuentra). Como muestra de ello, sirva la nacionalización del petróleo y otros recursos naturales que ya de por si le hicieron granjearse unos cuantos enemigos. Además de la Ley de Tierras, aprobada en 2002 por un decreto con fuerza de ley, por el cual se llevaba a cabo la expropiación de latifundios y tierras aparentemente improductivas, para dársela a quien las quisiera trabajar. Acción que fue apoyada por los campesinos sin tierras y asalariados, pero criticada por los empresarios, terratenientes, la oposición venezolana en general, Estados Unidos y, el ex presidente argentino Carlos Menem, al referirse a ella, en tono despectivo, como una “medida comunista”.
Sin duda, este y otros hechos han debido suponer una gran amenaza para el imperialismo de nuestros días que se camufla en ese disfraz de falsa democracia.
Todo político y más si cuenta con una larga trayectoria profesional tiene sus luces y sombras. Por tanto, no seré yo quien santifique a este dirigente que también pecó de autoritario, populista, defensor del golpismo y que deja tras de si un aumento de las redes de narcotráfico y del número de armas en las calles venezolanas. Pero tampoco seré yo la que no sienta cierta repulsión a la hora de ver cómo toda esta pandilla de hipócritas y demagogos que pretenden dárselas de representantes al servicio del pueblo y defensores de una inexistente democracia, se permiten el lujo de demonizar a un hombre que en muchos casos ha hecho más por su pueblo de lo que lo hará la gran mayoría de ellos con respecto al suyo.
Desde aquí, sólo me queda desear que se lleve a cabo una transición tranquila y con un proceso electoral limpio. Y sobre todo, que el proyecto de Chávez al que denominó Socialismo del Siglo XXI pueda seguir con vida a pesar de que su creador no.